Nuestro equipo de estrellas totalmente hispano incluye jugadores de todas las naciones latinoamericanas, así como los nacidos en Estados Unidos de padres hispanos. La selección se basó únicamente en los resultados de la temporada 2004, y la afiliación se refiere al equipo al cual perteneció el jugador ese mismo año.
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Receptor: Iván Rodríguez, Tigres de Detroit. 334 de promedio de bateo, 19 cuadrangulares, 86 carreras impulsadas
Rodríguez ha sido indudablemente el mejor receptor de béisbol de la última década. Jugador en el equipo de estrellas y ganador del Guante de Oro en once ocasiones, el puertorriqueño I-Rod ha desempeñado funciones detrás del plato durante 14 temporadas. En el año 2004 tuvo 527 turnos al bate y fue bateador designado únicamente en ocho juegos. Aún así, Rodríguez terminó cuarto en promedio de bateo en la Liga Americana.
Suplentes:
Durante la temporada pasada, los cinco mejores receptores en número de cuadrangulares conectados fueron hispanos, como también lo fueron los cuatro mejores receptores en carreras impulsadas y los tres mejores en promedio de bateo. Puerto Rico puede jactarse de sus tres receptores de alto calibre: junto a I-Rod se puede mencionar a Jorge Posada (272, 21, 81), el pilar detrás del plato del equipo ganador de series mundiales, los Yankees de Nueva York; y Javy López, de los Orioles, (316, 23, 86). Venezuela tiene a Víctor Martínez, de Cleveland, (283, 23, 108), quien encabezó a todos los receptores de las grandes ligas en número de cuadrangulares (empatado con López) y en carreras impulsadas. Otra de las opciones es Johnny Estrada, de California, (314, 9, 76), seleccionado para el equipo de estrellas de la Liga Americana durante su primer año como abridor de juego.
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Primera base: Albert Pujols, Cardenales de San Luis. 331 de promedio de bateo, 46 cuadrangulares y 123 carreras impulsadas
A la edad de 25 años, de mantener su paso, el jugador dominicano del equipo de estrellas de la Liga Nacional se puede convertir en uno de los mejores bateadores de todos los tiempos. Pujols es el primer jugador con 30 o más cuadrangulares en cada una de sus primeras cuatro temporadas, y es el tercero en llegar a 500 carreras impulsadas en sus primeros cuatro años de juego. Ocupó el tercer lugar en la votación para el Jugador MVP de la Liga Nacional, tras haber encabezado la liga en extrabases y total de bases logradas por bateo, y haber bateado un alto número de cuadrangulares. Durante la temporada del año 2003, su promedio de 359 lo hizo merecedor del título de bateo.
Suplentes:
Muy cerca de Pujols le sigue el poderoso puertorriqueño Carlos Delgado, de los Azulejos. Sus números durante la temporada de 2004 (269, 32, 99) fueron muy buenos después de haber tenido un promedio de bateo de 302, con 42 cuadrangulares y 145 carreras impulsadas y después de haber quedado en segundo lugar en la votación para el Jugador MVP de la Liga Nacional, empatado con Pujols. Aunque sus años mozos ya han quedado atrás, el cubano Rafael Palmeiro, de los Orioles, todavía es un jugador valioso (258, 23, 88). Aún recordamos cuando alcanzaba más de 40 cuadrangulares y 120 carreras impulsadas por temporada.
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Segunda base: Alfonso Soriano, Rangers de Texas. 280 de promedio de bateo, 28 cuadrangulares y 91 carreras impulsadas
¿Qué es un año malo para un jugador de este nivel? Es cuando uno batea ligeramente por debajo de su promedio individual en casi todas las categorías ofensivas, y, aun así, encabeza la lista de jugadores de segunda base de la Liga Americana en cuadrangulares, carreras impulsadas y total de bases logradas por bateo, y después gana el premio al Jugador MVP del juego de las estrellas. Soriano ha surgido como uno de los nuevos talentos con buen promedio de bateo, a diferencia de lo que se espera de los jugadores de cuadro —se rompió la regla “good field, no hit”. Soriano nació en San Pedro de Macorís, pueblo dominicano famoso por el número de jugadores de grandes ligas que produce.
Suplentes:
Varios jugadores de segunda base tienen un desempeño casi parejo, si bien ninguno es rival para Soriano. El grupo incluye al dominicano Plácido Polanco (298, 17, 55), de los Phillies, al dominicano-americano nacido en el Bronx, Nueva York, Ron Belliard (282, 12, 70) y al puertorriqueño José Vidro (.294, 14, 60) de los Expos de Montreal. El puertorriqueño Roberto Alomar siempre ha sido un jugador en el equipo de estrellas, pero en el año 2004 participó en sólo 56 juegos con los Medias Blancas de Arizona, y no ha tenido ninguna temporada buena desde el 2001.
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Tercera base: Adrián Beltre, Dodgers de Los Ángeles. 334 de promedio de bateo, 48 cuadrangulares y 121 carreras impulsadas
Su cifra de 48 cuadrangulares le sirvió para encabezar las listas de las ligas mayores, en el 2004 y empatar el récord establecido en 1980 por el jugador de tercera base y miembro del Salón de la Fama, Mike Schmidt. Después de Barry Bonds, fue el segundo en la votación para el Jugador MVP de la Liga Nacional, al quedar entre los primeros cuatro jugadores con mayor promedio de bateo, empujadas, número de sencillos y slugging (bases logradas por bateo entre veces al bat). Nacido en Santo Domingo, fue un decente chocador de bolas durante sus primeros seis años en las ligas mayores. Salvo el año pasado, nunca sobrepasó los 290 en bateo, los 23 vuela-cercas o las 85 carreras impulsadas. ¿Será señal de progreso o simplemente fue casualidad?
Suplentes:
Otra de las posiciones donde existe media docena de buenos jugadores. Los más sobresalientes después de Beltre son el dominicano Aramis Ramírez, de los Cachorros de Chicago (318, 36, 103), y el venezolano Melvin Mora (340, 27, 104), de los Orioles, quien tuvo el promedio de bateo más alto de todos los jugadores hispanos. Otros dos peloteros batearon un poco menos, pero fueron muy productivos en términos de la cantidad de cuadrangulares. Ellos son el dominicano Tony Batista (241, 32, 110), de los Expos de Montreal, y Vinny Castilla (271, 35, 131), de Colorado, el jugador con más carreras impulsadas en la Liga Nacional y el mejor bateador en la historia del béisbol mexicano. Y, por supuesto, se debe incluir a Alex Rodríguez, de los Yankees de Nueva York aunque el año 2004 fue una temporada de poca producción (286, 36, 106) dado su acostumbrado rendimiento, este jugador tiene madera para ubicarse entre los mejores de todos los tiempos. Este neoyorquino, descendiente de padres dominicanos, pertenece a la corta lista de tres jugadores que, en toda la historia del béisbol, tienen en su haber al menos 35 cuadrangulares, 100 carreras impulsadas y 100 carreras anotadas en siete temporadas consecutivas. Los otros dos son Jimmie Foxx y Babe Ruth.
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Parador en corto: Miguel Tejada, Orioles de Baltimore. 311 de promedio de bateo, 34 cuadrangulares y 150 carreras impulsadas
Tejada sobrepasó el rendimiento que le dio el premio al Jugador MVP en el 2002. Aunque estableció o igualó marcas en promedio de bateo, cuadrangulares, carreras impulsadas, slugging (bases logradas por bateo entre veces al bat) y total de bases logradas por bateo en el 2004, el jugador de cuadro dominicano, fue quinto en la votación para el Jugador MVP y quedó relegado por Derek Jeter como jugador abridor en el equipo de estrellas de la Liga Americana. Si bien nunca ha disfrutado del glamour que ha rodeado a torpederos como Jeter, A-Rod y Garciaparra, lo cierto es que el año pasado obtuvo mejores resultados que cualquiera de ellos.
Suplentes:
Aún cuando el mexicano-americano nacido en California Nomar Garciaparra (308, 9, 41) estuvo lesionado durante la mitad de la temporada y A-Rod jugó tercera base, los torpederos hispanos de gran calibre no escasean. Comencemos primero con el mejor jugador en la historia del béisbol colombiano, Edgar Rentería (287, 10, 72), de San Luis, abridor del equipo de estrellas de la Liga Nacional por dos años consecutivos y quien firmara para los Medias Rojas de Boston en diciembre de 2004. Luego continuemos con un trío de herederos de los destacados jugadores venezolanos Luís Aparicio y David Concepción: Carlos Guillén (318, 20, 97), de los Tigres de Detroit, quien participó en su primer juego de las estrellas; Alex González (232, 23, 79), de los Marlins de la Florida, el torpedero con más cuadrangulares y carreras impulsadas en la Liga Nacional; y el veterano de 16 temporadas, Omar Vizquel (291, 7, 59), cuyo rendimiento sobrepasó todos sus promedios ofensivos individuales con los Gigantes de San Francisco, y quien, a la vez, le recordó a los fanáticos por qué ha ganado el Guante de Oro en nueve ocasiones.
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Jardín izquierdo: Manny Ramírez, Medias Rojas de Boston. 308 de promedio de bateo, 43 cuadrangulares, 130 carreras impulsadas
Éste es uno de los jugadores más reconocidos y establecidos del béisbol. De ahí que haya sido seleccionado jugador del equipo de estrellas en ocho ocasiones: Ramírez ha alcanzado o sobrepasado la cifra de 30 cuadrangulares y más de 100 carreras impulsadas en nueve de las 10 temporadas desde que se convirtió en jugador abridor, incluyendo las últimas siete de manera consecutiva. El año pasado, el poderoso bateador de origen dominicano, pero criado en Nueva York, encabezó la lista de cuadrangulares de la Liga Americana y se mantuvo cerca de la cima en la mayoría de las otras categorías ofensivas. Posteriormente, durante la Serie Mundial, bateó 412 e impulsó 4 carreras, suficientes para ganar el premio MVP de la Serie Mundial y quedar en tercer lugar de la votación de toda la temporada.
Suplentes:
Con el dominicano Raúl Mondesí y sus sólo 34 juegos, y el originario de Tampa Luís González (259, 17, 48) luchando contra las lesiones durante su peor temporada desde que se estableció a finales de la década de los 90, la selección es menos sensacional de lo esperado. Uno de los nombrados es el cinco veces miembro del equipo de estrellas, Moisés Alou, quien en su 13º temporada estableció una marca personal de 39 cuadrangulares, obtuvo su quinto mejor promedio en bateo (293) y empujó 106 carreras, también su quinta mejor cifra personal. Nacido en Atlanta, Alou es hijo del gerente general del equipo de San Francisco, Felipe Alou, y sobrino de los famosos Mateo y Jesús Alou, destacadas figuras del béisbol dominicano de la década de 1960. Otra de las posibilidades recae en otro dominicano: José Guillén (294, 27, 104), quien jugó para Los Ángeles de Anaheim como jardinero izquierdo durante la temporada pasada, tras haber sido jardinero derecho durante la mayor parte de su carrera deportiva. Y también se puede mencionar al panameño Carlos Lee (305, 31, 99), de Los Medias Blancas, quien silenciosamente ha mantenido un promedio de 28 vuela-cercas y 102 carreras impulsadas en sus seis temporadas regulares.
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Jardín central: Carlos Beltrán, Astros de Houston. 267 de promedio de bateo, 38 cuadrangulares y 104 carreras impulsadas
Antiguamente de Kansas City y canjeado hacia los Astros a mediados de temporada, Beltrán firmó para jugar con Nueva York en enero de 2005, después de haber tenido muy buen rendimiento y haber disfrutado de una gran post temporada. Durante los 12 juegos de la serie final, este nativo de Puerto Rico tuvo un promedio de 435, con ocho cuadrangulares, 14 carreras impulsadas y 21 anotadas, rendimiento que casi lleva a su equipo a la Serie Mundial. Es un atleta completo de ágiles piernas (robó 42 bases en el 2004, con lo que quedó en 4º lugar en las Grandes Ligas) que juega el jardín central con elegancia y poderoso brazo.
Suplentes:
Si bien existe una gran cantidad de buenos bateadores hispanos en los jardines, es raro notar qué pocos de ellos juegan en el jardín central. Además de Beltrán, el único jardinero central “verdadero”, con todas las credenciales indiscutibles de jugador de equipo de estrellas, es Bernie Williams. Durante 14 años ha patrullado esa posición en el sagrado Estadio Yankee, anteriormente cuidada por figuras como Joe DiMaggio y Mickey Mantle. Pero las cifras de este oriundo de Puerto Rico durante este año (262, 22, 70) fueron las más bajas desde que debutó 10 años atrás.
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Jardín derecho: Vladimir Guerrero, Ángeles de Anaheim. 337 de promedio de bateo, 39 cuadrangulares y 126 carreras impulsadas
El Jugador MVP de la Liga Americana encabezó la categoría de carreras anotadas (124) y total de bases logradas por bateo (366). También estuvo entre los primeros 3 ó 4 jugadores con mayor promedio de bateo, cuadrangulares, carreras impulsadas y slugging (bases logradas por bateo entre veces al bat). Guerrero es un pilar que demostró su valor cuando bateó para un promedio de 371 con 24 carreras anotadas, 6 dobles, 10 cuadrangulares y 23 carreras impulsadas durante el mes de septiembre, con lo cual los Ángeles vinieron de atrás y ganaron el Oeste de la Liga Americana. Este jardinero dominicano jugó en el juego de las estrellas de la Liga Americana después de haberlo hecho, en cuatro ocasiones, en la Liga Nacional.
Suplentes:
La mayoría de los jardineros latinos más sobresalientes de las ligas mayores durante los últimos años juega en la parte derecha del terreno. Después de Guerrero, el grupo de suplentes está encabezado por dos venezolanos, miembros del equipo de estrellas de la Liga Nacional: Miguel Cabrera (294, 33, 112), quien, en su primera temporada como jugador regular en las ligas mayores, encabezó la lista de jugadores de los Marlins en cuadrangulares y carreras impulsadas; y Bobby Abreu (301, 30, 105), de Filadelfia, cuyas 40 bases robadas lo ubican a la altura de Willie Mays, Bobby Bonds y Barry Bonds, como uno de los únicos cuatro jugadores de grandes ligas con seis temporadas consecutivas de 20-20. Sin embargo, en el juego de las estrellas, el jugador abridor fue Sammy Sosa (253, 35, 80), de los Cachorros de Chicago. Pero el jonronero Dominicano ya no es tan temido como lo fue entre los años 1998 y 2001, cuando alcanzó el impresionante promedio de 60 cuadrangulares y 149 carreras impulsadas. Otros dos latinos del jardín derecho que aunque estuvieron lesionados durante la mayor parte de la temporada 2004, se encuentran entre los más destacados bateadores de la historia reciente son: el venezolano Magglio Ordoñez, que probablemente aún está en el mejor momento de su carrera, y el puertorriqueño Juan “Igor” González, quien jugó sólo 33 partidos y que, tal vez, esté ya cerca del fin de su carrera de 16 años. Igor ha obtenido el premio al Jugador MVP en dos ocasiones, tiene record de 434 cuadrangulares y ha impulsado 1404 carreras.
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Bateador designado: David Ortiz, Medias Rojas de Boston. 301 de promedio de bateo, 41 cuadrangulares y 139 carreras impulsadas
Ortiz ocupó el cuarto lugar en la votación para el Jugador MVP, detrás de su compañero de equipo Manny Ramírez; con ellos, los campeones Medias Rojas contaron con una fuerte combinación 1-2 dominicana. El mejor bateador designado (segundo lugar en carreras impulsadas de las ligas mayores, primero entre los bateadores designados en la categoría de cuadrangulares y tercero en promedio de bateo para la posición) alcanzó su plenitud como superestrella cuando comenzó a jugar en Boston dos años atrás, después de haber tenido seis buenas, pero no fabulosas, temporadas en Minnesota.
Suplentes:
El mexicano Erubiel Durazo (321, 22, 88), de Oakland, tuvo la mejor temporada de su joven carrera, la cual parece estar despegando. Por otro lado, el pelotón de los Yankees de Nueva York le brindó al puertorriqueño Rubén Sierra la oportunidad de jugar únicamente en 107 partidos, y, aún así, Sierra sacó la bola fuera del parque en 17 oportunidades y empujó 65 carreras. Con 302 cuadrangulares en su carrera deportiva de 18 años, ocupa el sexto lugar en la lista de bateadores designados de todos los tiempos en las ligas mayores. Otro jugador que cabe mencionar es Edgar Martínez, de Seattle, uno de los bateadores designados más dominantes de la década de 1990. Este jonronero, nacido en Nueva York, se retiró tras obtener un promedio de 263, con 12 cuadrangulares y 63 carreras impulsadas.
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Rotación de lanzadores:
Johan Santana, Minnesota. 20-6, 2.61 promedio de carreras limpias permitidas y 265 ponchados
Ganador por votación unánime del premio Cy Young y primer venezolano en alcanzar semejante honor, fue el lanzador más dominante de la Liga Americana en el 2004. Fue el segundo en juegos ganados y bateadores ponchados y tercero en promedio de carreras limpias. Ocupó el sexto lugar en la votación para el Jugador MVP de la Liga Americana, único lanzador en ocupar las primeras 10 posiciones. Su potencial pudo verse por primera vez en el año 2003, cuando terminó con 12 juegos ganados y 3 perdidos.
Pedro Martínez, Medias Rojas de Boston. 16-9, 3.90 promedio de carreras limpias permitidas, 227 ponchados
Todos sabemos que Pedro ya no puede pasar de 100 lanzamientos; pero este dominicano, ganador del Premio Cy Young en tres oportunidades, todavía lanza bolas de fuego y fue un abridor a tener en cuenta durante la temporada de 2004. Sexto en número de ponchados entre todos los jugadores de grandes ligas y tercero en la votación para el Premio Cy Young, se mantiene como el lanzador activo con el menor número de carreras limpias permitidas. Martínez firmó para jugar con los Mets de Nueva York en diciembre de 2004.
Carlos Zambrano, Cachorros de Chicago. 16-8, 2.75 promedio de carreras limpias permitidas, 188 ponchados
Fue el mejor lanzador abridor hispano de la Liga Nacional: terminó en tercer lugar en la categoría de carreras limpias permitidas, fue quinto en ganados y perdidos, y quinto en la votación para el Premio Cy Young, el lugar más alto alcanzado por un lanzador latinoamericano. El venezolano fue seleccionado para formar parte de un equipo de estrellas por primera vez el año pasado.
El resto de la rotación está entre dos lanzadores. Podemos optar por la experiencia de un veterano de 8 temporadas como Bartolo Colón, cuarto en el número de juegos ganados de toda la temporada (18), pero con 5.01 promedio de carreras limpias permitidas. O podemos seleccionar al mexicano Oliver Pérez, de los Piratas, quien en su primera temporada completa terminó en sexto lugar, con un promedio de carreras limpias de 2.98 en las grandes ligas, y en quinto lugar en ponchados (239), pero que tuvo la conservadora cifra de 12 y 10 en ganados y perdidos.
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Lanzador relevista: Mariano Rivera, Yankees de Nueva York. 53 juegos salvados, 1.94promedio de carreras limpias permitidas
El mejor relevista de las ligas mayores y lanzador casi imbateable para las entradas finales. Fue enviado al montículo en 57 oportunidades, lo que significa que el panameño no pudo cumplir su función únicamente en cuatro de sus salidas. Los 336 juegos salvados en toda su carrera lo ubican en la cima de todos los relevistas latinoamericanos, incluso sobre Roberto Hernández, a quien superó la temporada pasada.
El segundo y el tercer lugar en juegos salvados de las ligas mayores durante el año 2004, lo ocupan dos taponeros dominicanos: Francisco Cordero (49, 2.13) y Armando Benítez (47, 1.29), ambos de Texas. Si bien no llenarían el lugar de Rivera, ningún equipo rechazaría el servicio de sus brazos.