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Mitos y verdades sobre el Seguro Social
Sí, es cierto que el sistema necesita ciertos ajustes, pero no es necesario destruirlo para salvarlo.

Por Karen Westerberg Reyes
abril/mayo 2005

Seguro Social: Reformar sin Destruir

9 maneras de mantener solventes los fondos del Seguro Social

Acabando con los mitos sobre el Seguro Social
(primavera 2004)

El Seguro Social es el sistema de ayuda supremo, el apoyo financiero para abuelas y abuelos, y la cuerda de salvamento para viudos, divorciados, huérfanos y personas con discapacidades. Para el estadounidense promedio, mayor de 65 años, el Seguro Social representa, aproximadamente, el 40 por ciento de sus ingresos. Para un 20 por ciento de estas personas, constituye su única fuente de ingresos. El sistema ha funcionado bien durante unos 70 años, con algunos ajustes. En estos días es tema de conversación de todo el mundo, debido a que el Presidente Bush ha hecho de la reforma del sistema del Seguro Social una prioridad durante su segundo mandato. Él y muchos otros alegan que, para garantizar la supervivencia del Seguro Social, hacen falta grandes cambios, y aún más para lograr su prosperidad. Pero existen los que creen (entre ellos, AARP) que una revisión general radical provocaría un desastre: el final de la era del Seguro Social, como lo conocemos actualmente.

¿Está realmente el sistema del Seguro Social al borde de la muerte, o se han exagerado enormemente los rumores sobre su deceso? A continuación, se presentan algunas ideas falsas muy generalizadas.

Mito: El Seguro Social está en la ruina
Aquéllos que abogan por una reorganización radical del Seguro Social se basan en esta premisa: el sistema está fallando; el Seguro Social no es sostenible en su forma actual. A partir de allí, la discusión pasa a que lo que el país necesita es una forma de privatización. Con la privatización, una parte de los impuestos del Seguro Social que se pagan actualmente sería desviada hacia una cuenta que el contribuyente controlaría por sí mismo. (El sistema actual hace que todos los excedentes de los ingresos del Seguro Social se inviertan en bonos especiales del Departamento del Tesoro de Estados Unidos).

Entonces, ¿está el Seguro Social al borde del colapso? Ni por asomo. De hecho, el Seguro Social está mejor ahora que nunca, desde su aprobación en 1935, gracias a algunos ajustes razonables sugeridos en 1983 por una comisión formada por el Presidente Ronald Reagan y encabezada por Alan Greenspan. Desde entonces, las reservas del fondo de inversiones han aumentado, prácticamente, de cero a 1,6 millones de millones de dólares.

Los fiduciarios del Seguro Social reconocen que, para el año 2028, el sistema tendrá que comenzar a canjear los bonos de su reserva; pero calculan que el fondo será capaz de satisfacer el 100 por ciento de sus obligaciones hasta el 2042. Para esa fecha, los fondos principales se habrán agotado, pero el sistema será capaz de generar suficientes ingresos provenientes de los impuestos, como para pagar aproximadamente el 75 por ciento de los montos, por concepto de beneficios. (Un informe, aún más prometedor, de la Oficina de Presupuestos del Congreso indica que el sistema será capaz de pagar beneficios completos hasta el 2052, y el 80 por ciento, a partir de esa fecha).

Mito: El fondo comenzará a tener problemas en el 2018
No es cierto. El año 2018 es cuando se espera que los pagos de beneficios hechos por el Seguro Social excedan los ingresos por concepto de impuestos sobre los sueldos. Y eso no es necesariamente una catástrofe. El motivo es el siguiente: a partir del año 2018, y hasta el 2027, los impuestos sobre los ingresos, combinados con las ganancias provenientes de los intereses devengados por los fondos de reserva, serán suficientes para mantener un balance positivo en el fondo de reservas y para pagar los beneficios. A partir del año 2028, como se mencionó anteriormente, tendrá que recurrirse al monto principal del fondo de reservas, que será suficiente para cubrir beneficios hasta el 2042; incluso, sin ningún tipo de acción de nuestra parte.

Es evidente que una puesta a punto es necesaria para extender la vida del Seguro Social más allá del horizonte. “Pero desmantelar el sistema en su totalidad sería como comprar un auto nuevo porque el que está usando tiene un neumático pinchado”, nos dice Peter R. Orszag, miembro superior de la cátedra de estudios económicos del Brookings Institution en Washington, D.C.

Mito: Las reservas del Seguro Social son de papel
Bueno, es cierto; pero el papel son nada más y nada menos que bonos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que han estado ganando una tasa de interés combinada de, aproximadamente, el 6 por ciento anual. Durante más de 200 años, en los buenos y malos tiempos, durante guerras y crisis, los bonos estadounidenses siempre han dado la cara. Constituyen una de las inversiones más seguras del mundo. En el 2003, unos 80 mil millones de dólares, equivalente a un 13 por ciento de los ingresos totales del Seguro Social, provinieron de los intereses generados por estos bonos.

Mito: Los 77 millones de personas pertenecientes a la “Generación de la posguerra” o “Baby Boomers” que están a punto de jubilarse llevarán el sistema a la quiebra
Los que abogan por una reforma radical indican que, una vez que los boomers se jubilen, comenzará a salir más dinero del sistema que el que aportan los trabajadores más jóvenes. La estadística más citada es que para el año 2040 sólo habrá dos trabajadores por cada persona jubilada (Actualmente, la estadística es de tres trabajadores por persona jubilada). Pero ese hecho, a pesar de ser cierto, no aclara que los trabajadores de hoy día son más productivos, ganan salarios más elevados y tienen planificado mantenerse en la fuerza laboral durante más tiempo, factores todos que contribuirán a llenar el vacío pronosticado para el futuro. De hecho, a corto plazo este gigante demográfico, que se encuentra en la cúspide de sus años productivos, ayudará a acumular un enorme excedente en el fondo.
 
Una vez que los boomers comiencen a jubilarse, es cierto que el sistema se verá presionado, “pero no quiere decir que ha llegado el día del Juicio Final”, nos indica Kenneth S. Apfel, antiguo comisionado de la Administración del Seguro Social y actual miembro de la facultad de la LBJ School of Public Affairs, de la Universidad de Texas, en Austin.

Podemos reforzar al Seguro Social si hacemos pequeños ajustes, como lo hemos hecho en el pasado. Estos ajustes incluyen aumentar el tope de los salarios que están sujetos a descuentos del Seguro Social (actualmente, se gravan los ingresos de hasta 90.000 dólares al año) y la inversión de parte del excedente del Seguro Social en otros medios que paguen intereses superiores a los de los bonos del Departamento del Tesoro.

Mito: El Seguro Social podría salvarse mediante un sistema de cuentas privadas
La frase de moda que utilizan hoy en día los que están a favor de la privatización es “una sociedad de propietarios”. Ellos abogan por usar una porción de los impuestos del Seguro Social y ponerla a disposición de individuos para que la inviertan. Explican que tal sistema les brindaría a los trabajadores la oportunidad de ser propietarios de su dinero. Les permitiría a los contribuyentes invertir su propio dinero en acciones, bonos y otras inversiones que les generarían mayores ganancias.

Aquéllos que se oponen a la privatización, incluyendo AARP, indican que la creación de cuentas privadas ciertamente hundiría el Seguro Social. “Desviar el dinero del Seguro Social no lo va a fortalecer — nos dice David Certner, Director de Asuntos Federales de AARP. Sencillamente, empeorará mucho más el problema”.

Primero, los costos de transición serían agobiantes: entre 2 y 3 millones de millones de dólares, según análisis económicos propios de AARP. “El monto de deuda nacional adicional que esto generaría podría acabar con cualquier rendimiento que la gente pudiera obtener de un sistema de cuentas privadas”, nos dice Barbara Kennelly, Presidenta Ejecutiva del Comité Nacional para preservar el Seguro Social y Medicare, una organización que cuenta con 3,2 millones de miembros y que tiene su sede en Washington, D.C.

Segundo, la desviación de una porción del dinero del Seguro Social hacia cuentas privadas significa que habrá menos dinero disponible para pagar los beneficios que ofrece el sistema del Seguro Social. Eso haría que el sistema entero contara con menos reserva, que dispusiera de menos efectivo para pagar a los beneficiarios. Esta situación llevaría a tomar decisiones drásticas: reducción de beneficios, aumento de impuestos, o nada de lo anterior, sino sentarse a esperar que el fondo de reserva se quede más rápidamente sin dinero.

Según una carta firmada por los congresistas Charles B. Rangel (D-NY) y el fallecido Robert T. Matsui (D-CA), titulada Las consecuencias de la privatización del Seguro Social, la desviación de las contribuciones del Seguro Social a cuentas privadas “abriría un hueco” en el sistema entero … y amenazaría directamente nuestra capacidad para pagar a los jubilados actuales”. Pronostican que si se lleva a cabo la privatización, las reservas del fondo dejarán de existir en el año 2021, o sea, 20 años antes de lo previsto si el sistema se dejara tal cual está ahora.

Mito: Las cuentas privadas darán más control a los individuos
La gente ya tiene el control de su dinero cuando lo invierte en pensiones de jubilación privadas, cuentas individuales de jubilación (IRA, por sus siglas en inglés) y los planes 401(k). Cuando se combinan con los cimientos sólidos que proporciona el Seguro Social, se convierten en excelentes medios para los ahorros de la jubilación. “Lo que deberíamos hacer es tratar que funcionen mejor”, nos dice Orszag.

Mito: Las cuentas privadas producirán un mayor rendimiento
Aquéllos que abogan por la privatización de las cuentas sostienen que la gente puede manejar sus inversiones de mejor manera que las burocráticas agencias gubernamentales. Bueno, la verdad es que quizás algunas personas lo hagan mejor. Pero ¿quién va a asumir los gastos y cuidados de los menos afortunados?

“Si se llevara a cabo la privatización, los trabajadores existentes tendrían que pagar tres veces lo que pagan ahora —indica Certner. Una vez, para garantizar los beneficios para aquéllos que están jubilados o a punto de jubilarse; otra vez, por ellos mismos; y otra, por aquéllos a los que no les resultó la inversión”. Con el sistema del Seguro Social actual, el riesgo es prácticamente inexistente. Usted sabe que va a estar allí, independientemente de lo que suceda con la bolsa. Y todo, porque los bonos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos no bajan cuando cae la bolsa de valores.

¿Qué hacer? Sí. El sistema del Seguro Social necesita ajustes, pero no es tan grave como para que una debida diligencia y un poco de intervención no partidaria no puedan remediarlo. “No hay ninguna necesidad de dar un paso tan riesgoso como lo es la privatización”, expone Kennelly.



Karen Westerberg Reyes, editora de planificaciones, es la especialista en Seguro Social de la publicación AARP The Magazine.

El Seguro Social tiene más de una solución. Vea nueve formas de mantener la solvencia del sistema y, posteriormente, únase a nuestro tablero de mensajes con sus propias propuestas.

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