Cuando John Browne Ayés perdió la audición, en 1997, tuvo que abandonar su trabajo en el campo de entrada de datos. ¿Qué otra cosa podría hacer? Durante una visita a Puerto Rico, encontró la inspiración en su ascendencia taina y volvió a su pasión, la pintura. Comenzó a plasmar su herencia en un lienzo. Este año, a pedido de varios legisladores estatales, le entregó a la Asamblea Legislativa de Florida 300 copias autografiadas de su pintura “Mi Orgullo”.
“La pérdida de mi audición se ha visto compensada por un aumento y agudización de mi visión”, afirma Ayés, de 59 años de edad.
Al igual que una pintura hecha con la técnica impasto, la historia de Ayés tiene muchas idas y vueltas. El hecho de ser daltónico y ver el mundo en negro y blanco ha enriquecido sus pinturas. “He desarrollado la capacidad de desplegar cualquier color en la multiplicidad de su escala monocromática”, destaca. De manera voluntaria, Ayés también invierte tiempo en la enseñanza de pintura para otras personas daltónicas y pacientes con cáncer.
El éxito ha hecho que Ayés adquiera una visión sabia de la vida: “Las personas discapacitadas pronto se dan cuenta de que poseen un don especial que sustituye el sentido específico del que carecen”.