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Pebbles L. Ferrer Barber, de 5 años, muestra una foto del “Pelotón Perdido” al que perteneció su padre. Fotos: Julie Bullock 

Algunas batallas se pelean en casa
En los campos de batalla y de regreso al hogar, los veteranos descubren que los roles de la familia se han modificado. Los niños deben aprender a reconectarse con su padre o madre cuando ellos regresan de la guerra. Y los abuelos ya no están cuidando solamente a sus nietos, sino, cada vez más, a los hijos o hijas que necesitan atención intensiva.

Por Julia Bencomo Lobaco
mayo 2008

Parte I: La guerra interior Parte III: Fortaleza en los números
Parte II: Bahía de Guantánamo:
Tan cerca, tan lejos...
Parte IV: Una tradición familiar
Ayuda para el veterano puertorriqueño VIDEO: Los Ferrer, una familia veterana

Reportaje especial multimedia sobre los veteranos de Irak, en aarp.org

Cuando los heridos regresan a de la guerra (AARP The Magazine, julio/agosto 2008)

Recursos y ayuda para el veterano puertorriqueño

(Continúa de la p. 3)

Una tradición familiar
“Pase y tome asiento. Estamos lavando ropa, preparando la comida, y Carlos está ayudando a Yarlos con sus deberes”, dice Alba Iglesias Rosario mientras corre de un lugar a otro en la cocina de su casa de Cabo Rojo, una ciudad cercana a la costa sudoeste de Puerto Rico, conocida por sus frescos mariscos. ¿Una familia típica en una tarde típica de sábado? En realidad, no.

Alba, de 55 años, y su marido, Carlos Ferrer Rodríguez, de 59, han abierto su hogar a su hijo recientemente divorciado y devastado por la guerra, Carlos Ferrer Iglesias, de 37 años, y a sus cuatro hijos, con edades que oscilan entre los 5 y los 15 años. Alba y Carlos han criado a los dos hijos mayores del primer matrimonio de su hijo durante muchos años. Pero hace sólo dos semanas, la madre de los hijos menores se mudó a Nueva York y los dejó con Carlos hijo.

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El hijo fue uno de los primeros Guardias Nacionales enviados a Irak en el 2003, parte de un grupo conocido con el nombre de “El Pelotón Perdido”, porque nadie sabía adónde iba hasta varias semanas después de haber salido de Puerto Rico. Mensajes telefónicos misteriosos —un iraquí con un teléfono satelital le cobraba 2 dólares por minuto— le permitieron a su familia saber dónde se encontraba.

Su segunda misión como miembro de la infantería —de enero del 2007 a febrero del 2008— lo llevó a la Península de Sinaí, en Egipto. Ya le han dicho que irá a Somalía, Irak o Afganistán en el 2009 ó 2010, a pesar de una sordera parcial y de una lesión en la espalda por la que aún recibe tratamiento.

Carlos hijo es uno de los tantos miembros de la familia que han servido y continúan sirviendo en la milicia de Estados Unidos, según Alba. En un momento dado, su hijo y tres sobrinos estaban todos en Irak. La tradición se estableció cuando su hermano de 22 años de edad, Julio Antonio Iglesias Rosario III, un Infante de Marina de Estados Unidos, fue muerto en Vietnam. Una fotografía suya, en la que vestía uniforme azul, con una capa, motivó a todos sus sobrinos a unirse a la milicia. “Fue un héroe para mis sobrinos”, dice.
"La gente me dice que soy fuerte, que soy como mi madre. Tuvo que lidiar con la pérdida de su hijo y siempre me decía: 'Debemos estar allí para ellos. Debemos apoyarlos, siempre' ".
—Alba Iglesias Rosario

 Y ella, en cierto sentido, se ha convertido en una heroína dentro de su familia. “La gente me dice que soy fuerte, que soy como mi madre —dice Alba—. Tuvo que lidiar con la pérdida de su hijo y siempre me decía: ‘Debemos estar allí para ellos. Debemos apoyarlos, siempre’”.

“Soy la roca de todos”, dice Alba, que también ofrece apoyo a sus tres sobrinos que recientemente regresaron de Irak: uno, cuya madre —su hermana— tiene la enfermedad de Alzheimer; otro, que debió abandonar la milicia debido a pesadillas persistentes; y un tercero, que se vio devastado por el dolor al divorciarse a su regreso.

“No digo que no sea sensible; lo soy. Lloro; es saludable —dice—. Soy el soporte; pero también busco que me apoyen a mí, porque lo necesito mucho”. 

Alba Iglesias, su hijo Carlos Ferrer,
y nieta Pebbles Ferrer.

Además de trabajar a tiempo parcial en una oficina legislativa de Puerto Rico y de ser legisladora municipal de la ciudad en la que habita, busca apoyo en el Family Readiness Program, que ayuda a las familias a superar las varias transiciones por las que deben atravesar cuando sus seres queridos son enviados a la guerra y cuando regresan.

Recientemente, llamó por teléfono a más de 342 esposas y las invitó a un seminario gratuito del programa. Sólo alrededor de 35 asistieron, dice ella; pero muchos abuelos y abuelas que están cuidando a sus nietos estuvieron allí.

Alba dice que los abuelos necesitan marcar límites con sus hijos en lo que respecta a las responsabilidades adicionales que los abuelos asumen. “No todos los veteranos que regresan están conscientes de lo que esto implica —dice, refiriéndose a la ardua tarea—. Le dije a mi hijo que era demasiado para mí. Cocinaré, limpiaré y lavaré la ropa, pero él tiene que cuidar de los niños”.

"He aprendido que duele estar separado de la familia. Y ahora sé que los niños necesitan a sus padres, y que yo también los necesito".
—Carlos Ferrer Iglesias, E4
Para su hijo, las lecciones de paternidad han sido difíciles. “No sabía que cuidar de los niños era tan terrible. Cuando pelean, lo hacen de verdad”.

Alba y su esposo, un oficial de policía, desean lo mejor para su hijo y nietos; pero extrañan lo que podría ser la vida si no tuvieran esas responsabilidades extra. "Deberíamos estar divirtiéndonos, paseando —dice ella—, pero no le diremos que él y los niños deben irse. No tiene adónde ir”.

El Family Readiness Program también alcanza a los niños, planificando muchas actividades para ellos, dice, y eso también es importante.

Carlos, quien aún no ha encontrado trabajo, está concentrado en sus hijos. “He aprendido a valorar a la familia mucho más —dice—. Durante estas dos misiones he aprendido que duele estar separado de la familia. Y ahora sé que los niños necesitan a sus padres y que yo también los necesito”. Como sus padres criaron a sus hijos mayores, recién ahora está aprendiendo quiénes son y cómo pasar tiempo con ellos, dice.

“Está aprendiendo a ser padre y madre a la vez”, dice Alba. Y ella, “la roca”, está siempre lista para ofrecerle su ayuda.

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Este artículo forma parte de un reportaje multimedia especial de AARP que incluye videos de veteranos lesionados y sus familias, especiales de radio y televisión exclusivos de AARP, foros de discusión, y listas de recursos para los que necesitan ayuda y los que desean ayudar. Para ver, escuchar y leer más, favor visitar aarp.org.

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