Cuidando a las personas mayores
por Mary Ballesteros-Coronel
Cuidar de un familiar mayor y enfermo no
es fácil. Gloria de León y su madre, ambas residentes
de Los Ángeles, lo saben bien.
Desde que Blanca, la abuelita de Gloria, se
enfermó de gravedad, la joven tuvo que cambiar radicalmente su
estilo de vida. Tuve incluso que mudarme al apartamento [de al
lado] para estar cerca de ella y asegurarme que está bien. Siento
la responsabilidad de cuidarla porque eso es lo que he aprendido en
mi familia, dice Gloria.
La madre de Gloria, también del mismo nombre, comparte con su
hija la responsabilidad de cuidar de Blanca, su suegra, quien a los
82 años difícilmente puede valerse por sí misma.
Todas las mañanas llega al apartamento para hacerle el aseo y
cocinarle.
No es un compromiso, lo hago de corazón, dice Gloria.
A pesar de ello, admite que el cumplir con esta obligación le
deja poco tiempo para sí misma.
| Tuve incluso que mudarme al apartamento
[de al lado] para estar cerca de ella y asegurarme que está
bien. |
La difícil situación que enfrentan
Gloria y su madre es compartida por muchas de las familias de los 2.5
millones de personas mayores de origen latino que viven en el país,
según cifras de la Oficina del Censo.
Alejandro García, presidente del Consejo Nacional para la Vejez
Hispana, con sede en Washington, D.C. y profesor de la Escuela de Trabajo
Social de Syracuse University, en Nueva York, sostiene que aunque, por
su cultura, la mayoría de las familias hispanas prefieren cuidar
a sus familiares mayores, muchas veces las condiciones no lo permiten.
El problema principal, de acuerdo con García, es que con frecuencia
estos familiares mayores están gravemente enfermos o incapacitados
y necesitan atención las 24 horas del día. Esto crea un
serio conflicto porque, a menudo, no hay quien pueda hacerse cargo de
ellos del modo que lo necesitan. Aun así, muchos hispanos hacen
todo lo posible para ayudar a las personas mayores de su familia y se
resisten a enviarlos a asilos.
La vida de Sandra Irigoyen, en El Paso, Texas, se detuvo hace un año
cuando su madre Elvira, de 66 años, se enfermo gravemente. Desde
entonces, Elvira depende totalmente de Sandra.
Irigoyen dejó de trabajar y se dedicó
por completo a atender a su madre. Aprendió a manejar el equipo
médico y a limpiar el tubo por el que alimentan a Elvira, así
como el de la traqueotomía.
Es un trabajo de 24 horas, siete días a la semana,
sostiene Irigoyen, a quien ha afectado tanto física como emocionalmente
la situación que vive su madre.
Por fortuna, hace un par de meses encontró una alternativa que
le ha dado un respiro. Consiguió que la trabajadora social del
hospital donde atienden a su madre la refiriera al Departamento de Servicios
Sociales de El Paso para que determinaran los programas de asistencia
a los que tiene derecho.
Ahora, cuenta Irigoyen, viene una persona a ayudarme
seis horas a la semana de lunes a sábado y dos horas los domingos.
La bañan, lavan su ropa y la cuidan un rato, tiempo que me sirve
para hacer las compras u otros asuntos pendientes.
Sin embargo, muchos hispanos no están al tanto de los servicios
sociales que ofrece el gobierno a las personas mayores y a sus familias.
Esto, subrayan los expertos, va en contra no sólo del enfermo,
sino de quien lo cuida. Son frecuentes los casos en los que la salud
de la persona a cargo de un paciente termina también seriamente
deteriorada. En consecuencia, es imperativo saber a cuáles servicios
acudir en estas situaciones.
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