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Photo: iStockphoto.com/Steve Cole 

Reforma del sistema de salud:
Puerto Rico, una cuestión de paridad

En Washington D.C., el cuidado de la salud fue puesto por delante de otras prioridades y el debate se calienta cada vez más. Sin embargo, en Puerto Rico, funcionarios y residentes por igual dicen que siguen siendo relegados a un puesto menos importante, y su frustración ya lleva suficiente tiempo sin respuesta. Ellos quieren que se actúe para que haya paridad en el cuidado de la salud.

Por Julia Bencomo Lobaco
agosto 2009

P: ¿Cuál es la mejor medicina si se enferma y vive en Puerto Rico?
R: Un pasaje aéreo a Estados Unidos continental.

Reforma del sistema de salud: ¿Qué está en juego para los hispanos?
(verano 2009)

Los esfuerzos de Obama por reformar el sistema de salud
(abril 2009)

Ayuda para los que son demasiado jóvenes para Medicare
(AARP Bulletin)

Cómo eliminar la fase de ausencia de cobertura 
(AARP Bulletin)

Ésta es una broma popular en la caribeña isla de Puerto Rico. También es una cruel realidad, una realidad que Gilberto Quiñones y su familia viven todos los días. Actualmente, este natural de Puerto Rico, de 68 años, vive con su hija en Boston porque, según cuenta, allí es donde puede recibir el cuidado médico que necesita.

Su esposa, Sonia Vasquez, no fue tan afortunada. Sonia murió de un cáncer de colon a los 62 años y Gilberto atribuye su muerte al pobre tratamiento médico que recibió en Puerto Rico.

La historia que vive la familia Quiñones es mucho más complicada que el solo hecho de tener que ir y volver desde la isla al continente para recibir atención médica, una situación que se repite en muchas familias a lo largo de toda la isla. A medida que la reforma del sistema de salud capta la atención del presidente Obama y de toda la nación, también comienzan a salir a la luz las enormes disparidades entre la cobertura médica disponible en Puerto Rico y en el continente. Estas desigualdades afectan a todos los ciudadanos estadounidenses que viven en el estado libre asociado, ya sea que hayan nacido allí o se hayan mudado por razones laborales, por placer o para jubilarse allí.

Disparidades
“Es discriminación geográfica si, como ciudadano estadounidense, no puedo recibir la misma calidad de atención médica en la isla que en el continente”, afirma Delia Lasanta, secretaria auxiliar para asuntos federales del Departamento de Salud de Puerto Rico.

Los adultos mayores y los pobres son los más perjudicados, ya que las normas de Medicare son distintas en la isla y las reglas de Medicaid para el financiamiento están desactualizadas, aseguran los funcionarios. Niveles de financiación más bajos traen como consecuencia menos servicios y, en algunos casos, virtualmente ningún servicio, cuando se da el caso de que el paciente no puede acceder al servicio que disponga de la tecnología o del cuerpo médico necesario.

Sin embargo, Lasanta cifra sus esperanzas en los debates sobre la política del cuidado de la salud, que se están produciendo en el Congreso y otros lugares. “El Presidente dice que la reforma del sistema de salud es para todos los estadounidenses. Vamos a tomarle la palabra —dice Lasanta—. No estamos luchando por opciones especiales para Puerto Rico. Estamos diciendo: ‘Sea lo que sea, inclúyannos para que podamos acceder a los mismos beneficios que todos los demás.’”

En abril, el gobernador de Puerto Rico, Luis Fortuño, reunió a las partes interesadas —desde médicos, farmacéuticos y enfermeras hasta políticos— para exigir paridad. Un memorándum de acuerdo, firmado por representantes de 30 grupos diferentes, entre los que se encuentra AARP, les pide al Congreso y a la administración Obama que trabajen conjuntamente para lograr que Puerto Rico participe plenamente de
Medicare, Medicaid, Medicare Advantage y del programa Children’s Health Insurance Program (Programa de Seguro de Salud Infantil - CHIP).

Memorándum de acuerdo por la paridad para Puerto Rico

Comenzamos con una propuesta básica. Puerto Rico debe ser llevado al sistema de salud en una base de igualdad con cualquier otra jurisdicción estadounidense. Además de los evidentes problemas morales inherentes a un sistema de salud que trata a los ciudadanos estadounidenses de Puerto Rico de una manera desigual, no resulta sensato, desde una perspectiva estrictamente política, tener un sistema en el que los mismos ciudadanos estadounidenses que, mientras residen en Puerto Rico, reciben una atención médica deficiente, motivada por la recepción de subsidios federales más exiguos, puedan acceder a servicios de cuidado de la salud con mayores subsidios por el solo hecho de viajar al continente.

Oprima aquí para leer todo el memorándum de acuerdo.

Para hacer que escuchen su voz sobre la reforma del sistema de salud en Puerto Rico, visite
aarp.org/states/pr.

Una historia que nadie quiere contar ni escuchar
De vuelta en Boston, Gilberto Quiñones elogia a la Red de Seguridad de Salud de Massachusetts, también conocida como Free Care. Quiñones enumera algunos de sus beneficios: si necesita que lo lleven al médico, alguien lo pasa a buscar y lo lleva. ¿Recetas? Paga un dólar. ¿Bastón plegable? Gratis. Almuerzo en su casa durante la semana, sin cargo.

Lo que Free Care no pudo hacer, señala, fue salvar a su esposa. Quiñones y su hija, Sonybell, todavía lloran la pérdida de Sonia. Y la amargura se combina con la tristeza y tiñe las charlas sobre ella.

Gilberto y Sonia crecieron, se casaron y criaron a su familia en Puerto Rico. Sin embargo, Sonia murió en Boston. La situación pudo haber sido peor, según Sonybell: “Sé que si mamá hubiera muerto en Puerto Rico, lo habría hecho sufriendo”.

Sonybell recuerda las dos semanas que su madre pasó internada, casi dos años antes de que muriera. La atención que le brindaban le causaba tanta preocupación que se quedó en el cuarto del hospital todo el tiempo que permaneció internada.

“Estuve despierta todo el tiempo porque no la cuidaban —cuenta—. Si no hubiera estado ahí, no le habrían dado  medicación. Siempre estaban preguntando acerca del dinero y si ella tenía o no cobertura [de seguro médico].”

Su madre no quería ser una carga y se quedó en Puerto Rico todo lo posible, relata la hija. Pero, finalmente, buscó atención médica en Boston. Sonybell recuerda vívidamente la escena del día en que, cuatro años atrás, pasó a buscar a sus padres por el aeropuerto de Boston: Sonia desplomada en un banco, con los labios casi azules. “Mamá nunca había estado así; se estaba muriendo —dice Sonybell—. Tuve que cargarla dentro de la casa.”

Sonia terminó en la sala de emergencias y fue admitida en el hospital. Los médicos de Boston cuestionaron las opciones de tratamiento que le habían administrado en la isla e intentaron obtener antecedentes médicos y respuestas de sus doctores, la mayoría de las cuales no fueron provistas, según Sonybell. Sonybell dice que el cuidado que Sonia recibió en Boston fue lo que le permitió sobrevivir un año y medio adicional.

Desde entonces, Gilberto Quiñones va y viene, quedándose con su hija en Boston. “Estoy aquí hasta octubre, cuando comienza a ponerse muy frío y me hace mal a los huesos”, explica.


Preguntas sobre la calidad de los cuidados
En medio de la crítica y a pesar de las disparidades, el Dr. Rolance Chavier Roper, presidente de la
Asociación Médica de Puerto Rico, señala que San Juan, la ciudad capital, posee cierta tecnología médica de primer nivel, el mejor centro cardiovascular del Caribe y un excelente servicio de urgencias.

“Aquí, el principal problema es que la mayor parte del dinero se gasta en alta tecnología y cuidados intensivos —argumenta—, y la mayor crítica es que no gastamos lo suficiente en prevención, promoción ni protección de la salud en general.”

Recientemente, Chavier, médico de cabecera que atiende principalmente a adultos mayores, y un grupo de especialistas ofrecieron una jornada de clínica gratuita en un pueblo rural. Cerca de 650 personas concurrieron, lo que hace que Chavier comente lo siguiente: “Si la gente tiene seguro u otros modos de acceder al cuidado de la salud, ¿por qué se tomaría un sábado para ir a ver a un médico? Aquí, [en Puerto Rico] uno tiene que estar verdaderamente enfermo para recibir la atención que necesita. Debe ir a una sala de emergencias y entonces lo derivan a un hospital. Pero, antes de eso, no recibió servicios preventivos para, en primer lugar, evitar enfermarse.”


Quiñones sostiene que eso fue exactamente lo que le pasó a su esposa, pese a que en aquel entonces estaban a poco de poder acceder a Medicare y, consecuentemente, tenían un seguro de salud privado. “Podrían haberse ocupado de ella antes”, insiste. Y también podrían haberle brindado cuidado de seguimiento con quimioterapia después de que los médicos le extirparan parte del colon, una cirugía que, según les dijeron, había erradicado el cáncer.

El cuidado de seguimiento es fundamental, sostiene Chavier, en especial para los puertorriqueños adultos mayores, quienes se encuentran entre los más vulnerables. El cuidado de largo plazo es virtualmente inexistente. “Uno de los problemas que tenemos es que no existen verdaderos hogares para el cuidado de adultos mayores que puedan brindar atención a los pacientes, y sólo existen dos o tres hogares de cuidados especializados habilitados en la isla”, explica. 

Sin embargo, con frecuencia, la continuidad y la calidad de la atención también dependen del lugar donde viva el paciente, señala el médico. “Si viven en el área metropolitana, tendrán médicos geriatras de casi todas las especialidades. Si no viven cerca de un médico, podrían no recibir una buena atención. Si sufren de una enfermedad debilitante, si no poseen habilidades sociales ni hijos que los cuiden y los ayuden a desenvolverse en el sistema o, tan sólo, a sobrevivir el viaje hasta la farmacia, la situación se les tornará difícil.”

Chavier es contundente en su evaluación: “Es duro ser adulto mayor en Puerto Rico”.

                  

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