El poder de la oración
Por Theodore Fischer
deciembre 2006/enero 2007
 |
Estudios recientes han vinculado la oración y la religión con una mayor longevidad y mejor salud. Un estudio llevado a cabo por la Duke University concluyó que los adultos mayores que oraban vivían mucho más que los que no lo hacían. Otro estudio, realizado por la Universidad de Texas, demostró que los mexicano estadounidenses que asistían regularmente a la iglesia presentaban, durante un período de ocho años, un riesgo de mortalidad 32 por ciento menor que aquéllos que no lo hacían. Un segundo estudio de la misma universidad descubrió que las personas que asistían a la iglesia presentaban una tasa mucho menor de declinación cognitiva —pérdida de memoria o concentración, por ejemplo— que los que no concurrían.
Aunque el 43 por ciento de los participantes de un estudio realizado por los Institutos Nacionales de la Salud dijo haber orado por su propia salud, no hay prueba científica de que la oración pueda sanar.
“Muchas personas obtienen tremendos beneficios de la oración, y algunas parecen sanarse de una manera que no podemos entender. Pero la ciencia no está en el negocio de comprobar que la oración actúe a través de mecanismos sobrenaturales”, dice Harold Koenig, director del Center for Spirituality, Theology, and Health, de la Duke University. Tampoco existen pruebas de que orar por otros pueda sanar: un estudio ensayado por la Harvard Medical School mostró que los pacientes de cirugías de corazón por cuya salud otras personas habían orado no mejoraron más que otros pacientes que no fueron contemplados en las oraciones de nadie.
¿Es la oración parte de su vida? Comparta sus ideas sobre su interés en la vida espiritual en nuestro tablero de mensajes.
volver al comienzo