Descenso en los precios de las viviendas, créditos más altos, mercados inestables, precios de combustibles en alza… cualesquiera sean los términos con que los economistas califiquen la situación actual, el pronóstico parece ser el mismo: una tormenta financiera está amenazando los bolsillos y los ahorros. Hasta la temida palabra “recesión” está en todos los medios de comunicación.
Ciertamente, ya hemos vivido esta situación. Ante el terrorismo, la guerra, incluso ante el huracán Katrina, la economía ha mostrado su resistencia, dice Lakshman Achuthan, director general del Economic Cycle Research Institute (Instituto de investigación del ciclo económico), uno de los pronosticadores económicos líderes en el país. “Por sí misma, una crisis no causará una recesión si la economía es fuerte en otros aspectos”, señala. Pero aquí está el problema: “Con la desaceleración del mercado de la vivienda y los problemas de los préstamos “subprime” o “no preferenciales”, esta es la primera vez en mucho tiempo que se combinan una gran crisis y una economía con verdaderos síntomas de debilidad. Dicha combinación es una receta para la recesión”.
¿Qué cambió? Para ser breve, su vivienda se depreció. El aire comenzó a escaparse de la burbuja que contenía los altos precios de las propiedades en el 2006, presionando a millones de propietarios que habían apostado a que los precios en alza de las propiedades o los incrementos de sus ingresos les permitirían adelantarse a sus deudas, precariamente altas. Luego, resultó que los prestamistas hipotecarios habían animado a que se hicieran demasiadas de esas malas apuestas, y que incluso más instituciones financieras eran responsables de una parte del problema, porque habían adquirido valores basados en estos préstamos de alto riesgo. Para julio último, la onda expansiva de las pérdidas hipotecarias alcanzó a los grandes bancos, y el mercado de valores comenzó a rodar cuesta abajo.
Hasta diciembre, Achuthan no pronosticaba una recesión —que es una reducción de la economía—, sino sólo un crecimiento económico más lento. Pero no se puede descartar la posibilidad. El estratega en inversiones de Morgan Stanley, David Darst, fija la probabilidad de recesión en un 50% a 60%. Incluso, el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, dijo a fin de año que las posibilidades de que la economía derive en una recesión están aumentando.
Ese tipo de comentarios importa. El “índice de confianza del consumidor” ha caído considerablemente desde julio, y la duda persistente puede poner nerviosos a los inversores, salvo a los de sangre más fría. “El efecto psicológico que producen todas estas malas noticias es una de las razones de la desaceleración económica”, observa Achuthan.
¿Qué debe hacer uno? Tratar de mantener la calma. “La economía es una serie de altos y bajos”, dice Milton Ezrati, economista senior de la firma de fondos mutuos Lord Abbett. “Pasar los temporales con inteligencia y tranquilidad es el mejor consejo en todo momento”.
Para ayudarlo a hacer exactamente eso, buscamos asesoramiento de expertos para afrontar los tiempos turbulentos que se avecinan, en tres áreas significativas: los precios de las propiedades, el costo de un préstamo, y las inversiones.
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