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Foto: Joshua Kessler 

No haga lo que yo hice
Un experto en finanzas nos cuenta los seis errores y los dos aciertos que cometió al prepararse para su jubilación.

Por Stan Hinden
junio/julio 2006

Informe Especial: Sabios con su Dinero

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En mi vida ideal, planifiqué mi jubilación cuidadosamente. Ahorré con regularidad, invertí con astucia y viví dentro de mi presupuesto. Como hábil inversor, compré acciones a valores bajos, vendí a valores altos y logré acumular dinero.

Sin embargo, en mi vida real, no conté con un plan de jubilación. A los 30 años y a los 40, con una esposa, tres hijos y un modesto salario de periodista, casi no pude ahorrar. No fue sino hasta entrado en mis 50 años, cuando mi esposa Sara volvió a trabajar y mi sueldo mejoró, que pudimos ahorrar. En cuanto a las inversiones, con frecuencia perdí dinero. Es vergonzoso admitir todo esto porque, como columnista financiero de The Washington Post, debería haber estado bien preparado para enfrentar mi jubilación. Pero siempre estuve demasiado ocupado como para concentrarme en lo que debía saber y en lo que debía hacer. Así que, al tiempo que hice un par de cosas bien, cometí varios errores clave. Esto es lo que hice mal:

1. No pensé en el mañana. Mi mayor error fue no haberme dicho nunca a mí mismo: “Despiértate. Uno de estos días, tú y Sara van a jubilarse. Es tiempo de pensar si estarán en condiciones de hacerlo”. Esto me habría obligado a considerar cuánto dinero necesitaríamos. También me habría impulsado más a calcular si las pensiones del Seguro Social serían suficientes para cubrir nuestros gastos. Y lo que es más importante, nos habría dado tiempo para tomar el camino correcto.

Herramientas
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Cuestionario para el asesor financiero
Preguntas para un planificador (PDF)
2.
Lo hice por mi cuenta. Cuando necesitamos anteojos, consultamos a un oculista. Del mismo modo, cuando nuestro futuro financiero está poco claro, ¿no deberíamos consultar a un planificador financiero o a un experto en jubilación? Desearía haberlo hecho antes de jubilarme, porque hubiera necesitado una estrategia de inversiones que nos brindara crecimiento e ingresos. También necesitaba aprender acerca del Seguro Social, Medicare, seguro medigap, pensiones, seguros para cuidados prolongados, retiros obligatorios de las IRA y planificación patrimonial. Para mi sorpresa, todo esto tuvo un rol muy importante en cuanto a mi jubilación.

3. Traté de anticipar los vaivenes del mercado. No puedo pensar en una manera más rápida de perder dinero que dejar que las emociones sean las que determinen cómo invertir. Eso fue lo que hice en 1990 durante la crisis del Golfo Pérsico, cuando los precios de las acciones cayeron abruptamente. Como temí que la pérdida fuera aún mayor, transferí el dinero del 401(k), que estaba colocado en el Vanguard Windsor Fund, a un fondo del mercado de valores, y lo dejé allí por cinco años y medio. En ese tiempo, el citado fondo creció el 4,6 por ciento anual, en tanto que el Windsor Fund creció un 18 por ciento anual. Mi decisión emocional me costó 70.000 dólares en ahorros potenciales del 401(k).

4. Tal vez haya sido injusto con mi esposa. Cuando me jubilé, me ofrecieron distintas opciones. Podía optar por retirar un máximo mensual que duraría en tanto yo viviera. Otra posibilidad era tomar un retiro mensual menor y dejar parte de mi pensión a mi esposa después de que yo muriera. No estaba seguro del ingreso que necesitábamos, de modo que, con la aprobación de Sara, opté por retirar el pago máximo. Pero después de jubilarme, me di cuenta de que había elegido la opción equivocada. Mis cálculos me demostraron que, si Sara enviudara, su ingreso mensual proveniente del Seguro Social más su propia pensión laboral apenas alcanzaría para cubrir sus gastos mensuales. Necesitaría tomar dinero de nuestros ahorros para que las cuentas cerraran. Y eso sería riesgoso. Ahora desearía haber tomado un pago mensual menor y haberle dejado a Sara una parte de mi pensión. Me sentiría más feliz.

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5.
No sabía nada acerca de las “devoluciones”. Cuando me jubilé, choqué contra las “penalidades sobre los ingresos” del Seguro Social y tuve que “devolver” una parte de mis beneficios mensuales. Hubiera podido evitar esta sanción si hubiera esperado seis meses más para jubilarme, pero no lo sabía. Actualmente, la sanción se aplica a las personas que están entre los 62 años y la edad plena de jubilación, que está subiendo de 65 a 67 años. Es decir que, si usted está por debajo de la edad plena de jubilación, percibiendo el beneficio del Seguro Social, y todavía está trabajando en el 2006, perderá 1 dólar por cada 2 dólares que gane por encima de los 12.480 dólares (para el año en que usted alcance la edad jubilatoria se aplicará un límite de ganancia distinto). De manera que, antes de decidir percibir el ingreso jubilatorio del Seguro Social, considere el impacto que el trabajar tendrá sobre sus beneficios.

6. Gasté demasiado. Es posible que las deudas con tarjetas de crédito se hayan vuelto algo “normal”, pero, personalmente, creo que es una mala idea para jubilados que viven de ingresos fijos. Esos pagos mensuales recargados con intereses terminan convirtiéndose en un “chaleco de fuerza” presupuestario que erosiona su flexibilidad financiera y que consume el efectivo que puede necesitar para cualquier gasto inesperado. Si está próximo a jubilarse, busque maneras de aliviar el peso de la tarjeta de crédito, como cambiarse a una tarjeta con tasas de interés más bajas, o intente realizar pagos mensuales más altos. Tendrá una jubilación más feliz si no le debe su vida a una compañía de tarjetas de crédito.

A continuación encontrará lo que hice bien:

1. Me afilié a un plan 401(k). Si su empleador le ofrece un plan 401(k), tómelo. Sería un error no hacerlo. Sara y yo nos dimos cuenta de que el plan 401(k) es una manera simple y amigable con los impuestos de ahorrar y de hacer que su dinero crezca. Coloque en él tanto dinero —de su cheque de pago— como le sea posible. Al menos, coloque lo suficiente como para calificar para la contribución equiparadora de la compañía, si es que esta posibilidad existe. Si está confundido con respecto a las opciones de inversión, pida asesoramiento. Cuando Sara y yo nos retiramos, agradecimos haber colocado algunos fondos en un 401(k). Sin ellos, nuestras actividades se hubieran visto seriamente limitadas.

2. Preparé un plan de salida. A nadie le gusta pensar en la muerte. Sin embargo, usted puede optar por arreglar sus asuntos legales con anticipación o dejar esas decisiones a extraños. Sara y yo le pedimos a un abogado conocido que nos ayudara a redactar nuestros testamentos, directivas médicas, los nombramientos de apoderados y los fideicomisos que necesitábamos. Incluso, dejamos pagos los funerales. También organicé los papeles personales: las partidas de nacimiento, la licencia matrimonial, el certificado del Ejército de Estados Unidos y los títulos de propiedad, de modo que todo estará disponible cuando se necesite. Nuestros hijos estarán muy agradecidos y bien organizados.



Stan Hinden es el autor del nuevo libro How to Retire Happy: The 12 Most Important Decisions You Must Make Before You Retire (McGraw-Hill, 2006).

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