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| Fotografía: Baverel/Starface/Retna Ltd. |
Martin Sheen: Abriéndose paso
Martin Sheen ha ganado muchas batallas en la pantalla grande. Sin embargo, en la vida real, su mayor combate fue el que peleó para sacar a su hijo Charlie de las drogas.
Por Nancy Perry Graham
julio 2008
Háganle cualquier pregunta a Martin Sheen, que cumplirá 68 años en agosto —ya sea acerca de su profunda espiritualidad; su intervención en la adicción a las drogas de su hijo Charlie; su adorada hermana, “Charmin’ Carmen”; o su deseo secreto de arrojar toda su ropa recién salida de la tintorería a un admirador curioso con una cámara de video— y responderá con un relato sencillamente fantástico.
“(Fantástico) es mi palabra favorita en estos días”, dice el actor ganador de los premios Emmy y Golden Globe, quien ha aparecido en más de 70 largometrajes (entre ellos, Apocalypse Now, Wall Street, The American President y The Departed); aunque quizá sea mejor conocido por su papel como el presidente Josiah Bartlet en la antigua serie de NBC, The West Wing (El ala oeste de la Casa Blanca), que le mereció una nominación al Emmy.
“¡Fantástico!” Efectivamente, la palabra se ajusta a la personalidad y vida de Sheen, que comenzó en Dayton, donde se crió con nueve hermanos, nacidos de padre español y madre irlandesa. Se convirtió en uno de los actores más consumados de nuestro tiempo mientras que, simultáneamente, adquiría fama como activista apasionado: ha sido arrestado 67 veces por activismo pacífico. En mayo, Sheen, quien recientemente filmó Traveling con Jennifer Aniston, fue distinguido por la Universidad de Notre Dame con su prestigiosa Laetare Medal por su trabajo humanitario. Sin embargo, la mayor parte de nuestra conversación se centró en un tema personal más profundo: el papel que desempeñó en la recuperación de la adicción a las drogas de su hijo, un viaje violento y tan sombrío que, de hecho, llevó a Sheen a comenzar a organizar el funeral de Charlie. “Hay que ser inflexible —dice—. Todo tiene su precio”.
La experiencia con el racismo
“Crecí en los años 50, en una atmósfera muy racista —revela Sheen—. Fui caddie desde los nueve años hasta que dejé mi casa, a los 18, en un club muy exclusivo, sólo para blancos. Ni siquiera permitían caddies negros; no se les permitía ser vistos. Así que crecí viendo esa clase de cosas y tomé decisiones muy tempranas sobre mi postura respecto de este tema; especialmente, cuando el despectivo 'negro' era empleado por todos, todo el tiempo”.
| P. |
Pero usted es mitad hispano; entonces, ¿cómo interpretó eso? |
| R. |
Mi papá nunca hablaba en público porque no lo hacían sentir orgulloso de su acento. Tenía el más hermoso acento beliceño que uno pueda imaginar. Me encantaba. Era el mejor narrador de cuentos. Disfrutaba oyendo su voz; era como escuchar un instrumento musical. Sin embargo, nunca se sintió orgulloso hablando fuera de su entorno. Había muchos italianos y otros latinos, pero no hispanos. |
| P. |
Así que usted creció identificándose más con los blancos que con los hispanos. ¿Cambió su nombre para que no lo encasillaran? |
| R. |
Nunca lo cambié oficialmente. Nunca lo haría. Está en mi licencia de conducir, en mi pasaporte y demás documentos: Ramón Gerard Estévez. Empecé a usar el apellido Sheen; pensé que debía probarlo y, antes de darme cuenta, comencé a ganarme la vida con él. Después, ya era demasiado tarde. (Risas). En realidad, una de las cosas que más lamento es no haber conservado el nombre que me pusieron. Sabía que le molestaba a mi papá. |
El camino a la espiritualidad
| P. |
Después de sufrir un ataque cardíaco y una crisis nerviosa a los 38 años, durante la filmación de Apocalypse Now, usted se fue a la India y halló la espiritualidad. ¿Fue entonces que adoptó el catolicismo? |
| R. |
Sí, así fue. Me criaron como católico; pero era una religión, no una forma de vida. [Después del ataque cardíaco] Regresé a una fe, más que a una Iglesia. Regresé con alegría, libertad y agradecimiento, en vez de con temor, temblando o preocupado por la eternidad. Me di cuenta de que lo que realmente más me gustaba de la Fe Católica era la espiritualidad de su Iglesia. |
| P. |
A mucha gente le gustaría tener la fe que usted tiene; pero no han experimentado la crisis dramática que lo lleva a uno a decir: "Espera un momento; en realidad, estoy descarriado. Llevo una vida vacía". |
| R. |
Si uno toma conciencia de que su vida no está completa y de que no es uno mismo, ese es el comienzo, creo, del viaje hacia la espiritualidad. No tengo ni idea de qué es Dios, a decir verdad. Nunca intentaría siquiera decirle a alguien qué buscar. Lo único que diría es que el viaje a la espiritualidad es el viaje a tu propia humanidad. Creo que cuanto más humano eres, más te asemejas a Dios. Y ese es el Don de Dios. |
| P. |
No puedo imaginar que a los 20 ó 30 años se hubiera sentado con un periodista para tener esta conversación. |
| R. |
Poco frecuente y poco probable también. Posiblemente, hubiera estado borracho. Me siento tan humilde, realmente humilde. Estoy tomando conciencia de que tengo 67 años; ¿cuánto tiempo más tendré para gozar de esta magnificencia? |
| P. |
Hablando de la bebida… |
| R. |
¿Quién estaba hablando de la bebida? ”Ah, hablando de la bebida, miserable borracho, ¿podríamos volver a su época de alcohólico?” ¡Qué golpe tan bajo! Sin embargo, debo decirle: ”Bien hecho; siga adelante”. |
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