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Foto: Brian Smith/Corbis 

Don Francisco: Moviendo montañas

Por Liz Balmaseda
abril/mayo 2005

Como todo jovencito que crece al pie de la Cordillera de los Andes, el pequeño Mario Kreutzberger a menudo miraba la montaña más cercana a su casa y se preguntaba qué habría detrás. Para averiguarlo, el dedicado discípulo de Mark Twain dio inicio a una aventura al estilo de Tom Sawyer.

Cuando llegó a la cima de la montaña, vio algo que lo dejó perplejo: otra montaña. Luego, en la cúspide de esa otra montaña, atisbó otra más. Y años más tarde, mientras sobrevolaba la zona de los Andes, se dio cuenta del centenar de montañas que separaban su país natal, Chile, de Argentina, y que todas ellas se encontraban justo detrás de aquella primera.

‘Él es el Regis de la lengua española, cuando se habla de omnipresencia. Es el Jerry Lewis, cuando se habla de recaudar dinero para obras de caridad y es el John Madden, cuando se habla de promocionar mercancías’
“Creo que no he perdido aquellas ilusiones de niño —afirma Kreutzberger, ahora, de 64 años, desde una cómoda silla en su oficina, en la sede de Univisión, en Miami—. Todavía quiero ver qué hay detrás de cada montaña”. 

Esos recuerdos de su niñez en Talca tienen muchos años para este hijo de una pareja de inmigrantes judíos que huyó de la Alemania nazi de Adolfo Hitler, a finales de la década de 1930. Pero, incluso, ni el más imaginativo de los niños habría sido capaz de pensar en las aventuras que experimentaría como parte de una carrera profesional que se extendería por décadas y hemisferios. Tom Sawyer no aventaja en nada a don Francisco, ese intrépido personaje que conduce uno de los programas de televisión más antiguos de la historia con el mismo presentador, y que, a la vez, se ha convertido en un imperio de un solo hombre dentro del mundo del entretenimiento.

“Don Francisco” —el juguetón, magnético y, a veces, descabellado alter ego de Kreutzberger— es el conductor de Sábado Gigante, el popular programa de variedades que creó 43 años atrás. Tal vez “programa de variedades” sea un término muy recatado para el carnaval de actividades que incluye este espectáculo de tres horas de alta calidad, de Univisión, que llega a unos 100 millones de personas y a más de 40 países. El programa consiste en una dinámica serie de juegos de participación, alocadas comedias, bellas presentadoras ligeras de ropa que animan los comerciales, concursos de talento, segmentos sobre viajes e, incluso, entrevistas serias con personajes famosos de la esfera de las noticias. La palabra “presentador” está muy lejos de describir las funciones que cumple don Francisco. Considerado como una leyenda viva, a este personaje se lo ha llamado Sr. Sábado por la Noche, don Sábado por la Noche y hasta el presentador del programa de televisión más popular del planeta.

El diario The San Francisco Chronicle expresó recientemente las siguientes palabras sobre Kreutzberger: “Él es el Regis de la lengua española, cuando se habla de omnipresencia. Es el Jerry Lewis, cuando se habla de recaudar dinero para obras de caridad y es el John Madden, cuando se habla de promocionar mercancías”. 

Durante el otoño pasado, este personaje de la televisión, con su retumbante voz, pasó a formar parte del Salón de la Fama de las Transmisiones y el Cable. Tres años antes, fue reconocido con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. El número de reconocimientos recibidos llega a 1.800 —tantos que su esposa de 42 años, Temmy, remodeló recientemente su casa con vista al mar, en Miami, a fin de ampliar el salón de los honores. Dicha casa muestra una colección meticulosamente organizada de los premios, fotos y otros honores concedidos a don Francisco, con muestras de arte chileno y espacios para el entretenimiento como trasfondo.

Muy a pesar de sus diferencias, Kreutzberger y su personaje don Francisco son casi intercambiables. Mario Kreutzberger es un hombre del renacimiento, un empresario, un intelectual pensativo y serio, un deportista disciplinado, coleccionista de arte y conocedor del buen vino, la buena poesía y la conversación dinámica. Don Francisco, por su parte, es un payaso monumental. Ambos caracteres no sólo coexisten pacíficamente, sino que prosperan por el ingenio y la generosidad de cada uno. En la actualidad, Kreutzberger responde orgullosamente cuando le llaman por el nombre de don Francisco; incluso, fuera del escenario.

‘Este maratón [de don Francisco] televisivo en Chile recauda más fondos por persona que cualquier otro programa similar en todo el mundo’
La popularidad de Sábado Gigante entre los hispano estadounidenses le ha otorgado un alcance sin par. Durante la campaña presidencial del 2004 en Estados Unidos, el programa dio un golpe maestro que generó toda una gran cobertura dentro de los medios de habla inglesa: Sólo dos días antes de las elecciones, don Francisco contó en su programa con la participación tanto del Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, como del candidato presidencial demócrata, el senador John F. Kerry. Las dos grandes figuras políticas salieron al aire, el mismo día, en entrevistas separadas grabadas previamente. Aquella primicia de don Francisco sirvió de valiosa oportunidad para que ambos candidatos llegaran con su mensaje a un vital y, a veces, elusivo grupo de votantes: los latinos.

“Lo que hicimos no fue una entrevista política, sino una entrevista más humana. Lo que sienten, lo que piensan sobre nosotros, la percepción que tienen de nosotros, los hispanos”, destaca Kreutzberger, quien recuerda que cuatro años antes, el aquel entonces retador presidencial Bush y el vicepresidente Al Gore también habían estado en su programa.

La influencia de Kreutzberger ha impulsado a jóvenes artistas, personalidades prometedoras y otros talentos de la televisión. Durante 26 años, se ha mantenido como presentador del exitoso maratón de la televisión en Chile a favor de los niños discapacitados, además de haber construido seis hospitales en ese país. Se inspiró en los maratones televisivos de Jerry Lewis, e, incluso consultó con él antes de lanzar el suyo. Este maratón televisivo en Chile recauda más fondos por persona que cualquier otro programa similar en todo el mundo. Él mismo hace los cálculos: “En Chile somos 14 millones de personas y, el año pasado, recaudamos 22 millones de dólares. Cada persona dio alrededor de un dólar con cuarenta centavos”. 

Kreutzberger también demostró ser una gran inspiración para la dinámica redactora de una revista en idioma español, Cristina Saralegui, mientras pensaba en la posibilidad de pasarse a la televisión. “La historia de la televisión en idioma español debe dividirse en un antes y un después de don Francisco —destaca Saralegui, presentadora de un programa de entrevistas de gran popularidad—. Nadie en la historia ha ejercido más influencia sobre el desarrollo [del género]”. 

Don Francisco no se detiene. Ha dado la vuelta al mundo varias veces en los últimos 40 años, y ha filmado el segmento Cámara Viajera de Sábado Gigante en 162 países. Ha cumplido la ambición de su juventud de hacer senderismo por todas las grandes selvas del mundo. Pero ahora, admite abiertamente que su necesidad por la velocidad está menguando —no deteriorándose, sino, simplemente, cambiando—. Se mantiene en forma comenzando, cada mañana, con una hora de levantamiento de pesas, una hora de tenis y natación diaria. Incluso, después de haberse sometido a una cirugía artroscópica en ambas rodillas, mantiene un paso bastante ligero, si bien no cultiva esa obsesión ciega de “mantenerse por siempre joven”.

“No podemos mantenernos jóvenes dado que cada fase de la vida tiene sus propias experiencias de acuerdo con la edad. Pero podemos mantenernos ligados a nuestro mundo de una manera activa”, afirma Kreutzberger, padre de tres hijos y abuelo de seis.

‘El arte de la conversación es algo que no se puede aprender. Tiene que haber un interés genuino entre dos personas para que ellas simplemente comiencen a conversar’
“Cuando la industria de la televisión habla de cifras demográficas, se refiere al mercado de personas de entre 19 y 49 años, que es donde puede radicar el mayor nivel de consumo —agrega—. En ese grupo se incluye el mayor índice de inteligencia y liderazgo, que es lo que mueve a una comunidad, a un país y al mundo entero. Pero, ¿significa eso que estás acabado cuando pasas los 49 años? Por supuesto que no”. 

Y continúa:

“Tenemos tanto para contribuir y aprender a la vez. El mundo se mueve tan rápido. Si el mundo nuevo incluye las computadoras y yo no sé nada de computadoras, no tengo que alejarme de ese mundo. Tengo que admirarlo e incorporarme a él. Tengo que buscar la manera de que forme parte de mi vida. Tengo que pertenecer al mundo de hoy si quiero seguir aprendiendo y manteniendo mi vitalidad”. 

¿Y qué es lo que quiere aprender Kreutzberger?

“De todo”, afirma sin pestañear.

Su pasión más reciente no es un aparato moderno, sino el venerable arte de la conversación. Adora tanto la conversación buena y animada que recientemente amuebló una de las habitaciones de su casa con este propósito específico. Sus amigos y socios lo visitan para intercambiar ideas y debatir planes de trabajo en un ambiente relajado.

De ahí que su último éxito televisivo sea un programa de debates semanal en un horario de máxima audiencia llamado Don Francisco Presenta. El programa de entrevistas, que se transmite los miércoles, ha logrado gran atención dada la capacidad de Kreutzberger de hacer que los invitados abran su corazón, se emocionen e, incluso, lloren. Catalogar a don Francisco como la versión hispana de Barbara Walters es como desestimar con demasiada facilidad su propio arte de transportar, incluso a los entrevistados más difíciles, a lugares distantes y, a menudo, vulnerables, y hacer que se sientan lo suficientemente seguros como para transportar también a la audiencia a esos mismos lugares. Esta capacidad le ha valido el mote de don Cebollón.

“El arte de la conversación es algo que no se puede aprender. Tiene que haber un interés genuino entre dos personas para que ellas simplemente comiencen a conversar —afirma—. Cuando alguien tiene esta vocación, la de hacer preguntas, entonces aprendes que todo el mundo tiene una historia. Uno es una historia”.

A esta altura de la entrevista, Kreutzberger pasa a jugar el papel del inquisitivo don Francisco y comienza a hacerle preguntas a la entrevistadora sobre su niñez y su propia experiencia como emigrante hacia Estados Unidos durante su infancia. Esa línea de preguntas queda interrumpida rápidamente para volver a dar paso a la entrevista, aunque no sin que antes don Francisco exprese su opinión: “Vea usted, lo importante es que puedo llevarla por los caminos de su niñez. En un momento dado, los recuerdos vuelven a su mente. Todo esto hace que usted cuente su historia”. 

Su colega en Univisión, columnista y presentadora para diferentes medios de comunicación, María Elena Salinas, admira la capacidad de don Francisco como entrevistador. “Te puede hacer reír y te puede hacer llorar, y lo hace sin aparente esfuerzo alguno —dice—. Hace que los que están a su alrededor se sientan a gusto al demostrarles una genuina preocupación e interés por la vida y el trabajo de cada uno”.

“He estado con él en lugares públicos y he presenciado su poder como estrella, pero también he visto su compasión para con otros. Don Mario trata a todos por igual —puede ser tan encantador con un jefe de estado como con un camarero de su restaurante favorito—. Creo que tiene el corazón tan gigante como la imagen y el imperio que ha construido con su programa”. 

Tal vez la fascinación de don Francisco por las historias de otras personas tenga sus raíces en la fascinación de Kreutzberger por la televisión antigua. Su primer encuentro con un televisor ocurrió en un modesto hotel estadounidense, en 1959, cuando su padre lo mandó a Nueva York para que estudiara diseño, de modo que pudiera ganarse la vida como diseñador de ropa para hombres. No podía creer las figuras plateadas que proyectaba el “gran radio” de aquella habitación. Imaginándose las posibilidades que aquello brindaba para su Chile natal, Kreutzberger, quien a menudo aparecía en producciones teatrales de su país, tomó abundantes notas de aquellos programas que veía en la pantalla. Estaba convencido de que había visto el futuro.

Varios años después, tras obtener su diploma de diseño, tuvo un pequeño papel en la televisión de su país. Ya estaba atado. Ese mismo año, en 1962, nació Sábado Gigante en Chile, y tras 23 años de éxito, don Francisco mudó las instalaciones de producción del programa a la ciudad de Miami.

Si bien se había ganado a América Latina, al principio no le fue fácil ganarse la simpatía de los anunciantes en Estados Unidos, quienes no tenían idea del sorprendente crecimiento de la población hispana. Recuerda la fría bienvenida que recibió cuando le propuso hacer comerciales en español a un alto ejecutivo de una cadena de tiendas por departamento: “¿Qué? ¿Televisión en español? Nuestros ladrones de tiendas son sus televidentes”. 

En la actualidad, recita aquella anécdota en inglés con buena fluidez y después sonríe maliciosamente de la misma manera que don Francisco lo hace para desarmar a sus invitados. En aquel momento, el insulto pudo haber dolido, pero no interrumpió su avance. Le dio impulso para subir otra montaña.


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