Toda vez que usted reciba noticias de su médico, es probable que, instantáneamente, se plantee las siguientes tres preguntas: ¿Qué significa esto? ¿Qué debo hacer al respecto? ¿Cómo afectará esto mi vida? El cuidado de la salud de calidad emplea lo mejor de la ciencia disponible para ayudarlo a responder esas preguntas.
Supongamos que usted es una mujer de 55 años de edad y que su médico le dice que los resultados de una prueba indican que sus huesos se están haciendo más delgados, lo que se conoce como disminución de la densidad ósea. El médico le dará todo tipo de opciones para tratar su problema. ¿Debería tomar medicamentos? ¿Comenzar a tomar vitamina D y calcio? ¿Empezar un programa de ejercicios? ¿O, simplemente, observar y esperar?
Dado lo variados y personales que pueden ser los tratamientos, usted siempre tendrá diferentes alternativas disponibles. Sin embargo, la pregunta aparentemente más sencilla —“¿Cuál es la mejor alternativa para mí?”— puede resultar muy difícil de responder. En el campo de la salud, no hay una medida que le vaya a todo el mundo, y los tratamientos que resultan efectivos para un paciente no necesariamente serán buenos, o inclusive seguros, para usted.
Sería bueno que la mejor alternativa para cada paciente siempre estuviera bien clara, pero, en realidad, por lo general, no es así. Es por ello que tenemos un tipo de investigación científica llamada efectividad comparativa. Esta clase de investigación, o evidencia, compara cómo han funcionado distintos tratamientos para enfermedades específicas en otras personas. También puede ayudar al médico a tomar las mejores decisiones para usted.
Si usted fuera la mujer cuyos huesos se están tornando más delgados, podría, aunque no necesariamente, tener osteoporosis. Existen medicamentos efectivos que podría tomar, pero hay información limitada sobre sus efectos a largo plazo. Podría tomar calcio, pero, al hacerlo, algunas mujeres desarrollan cálculos renales. El ejercicio siempre es bueno, pero no hay pautas precisas respecto de cuánto tendría que incrementar su actividad física. Muchas mujeres con baja densidad ósea jamás se quiebran un hueso, así que observar y esperar podría ser una buena opción.
¿Cómo decidir qué hacer?
Este es el tipo de ayuda que puede proveer la investigación de efectividad comparativa; es el tipo de investigación que ayuda directamente al paciente. (De hecho, la investigación sobre disminución de densidad ósea ya ha sido publicada en una guía del consumidor, que podría resultarle de utilidad si usted ha sido diagnosticada con osteoporosis).
La buena nueva es que estamos por hacer mucha más investigación de efectividad comparativa.
Este tipo de investigación ha estado mucho en los noticieros últimamente. Mi dependencia, la Agencia para la Investigación y la Calidad del Cuidado de la Salud (Agency for Healthcare Research and Quality, o AHRQ), ha estado realizando investigación de efectividad comparativa durante mucho tiempo, a través de su programa Effective Health Care (Cuidado de la Salud Efectivo). Ahora, el gobierno federal está aumentando el subsidio para este tipo de investigación. La Ley de recuperación y reinversión de Estados Unidos, de 2009, también conocida como paquete de estímulo, contempla una gran inversión en investigación de efectividad comparativa.
¿Por qué es tan importante este tipo de investigación?
Porque la buena información es la clave para un buen cuidado de la salud. ¿Sabía usted que una vez que una buena pieza de evidencia científica surge como avance médico, pasan hasta 17 años antes de que los médicos incorporen esa información como una rutina en el ejercicio de su profesión?
Una de las razones por las que la calidad del cuidado de la salud es tan variable es que, a veces, los médicos o enfermeros sencillamente no conocen o no siguen los resultados de las últimas investigaciones. E, inclusive cuando se mantienen actualizados, a menudo, merced a un gran esfuerzo, por lo general no es posible encontrar información válida aplicable al tema en cuestión. La medicina moderna está muy avanzada, pero la ciencia no le servirá si no recibe el asesoramiento correcto de su médico u otros profesionales de la salud.
También es importante tener presente lo que no hace la efectividad comparativa: No hace política ni toma decisiones sobre el cuidado de la salud por usted; no le indica al médico cómo ejercer su profesión, ni decide el tipo de tratamiento que pagará su aseguradora.
En lugar de eso, la investigación de efectividad comparativa los ayudará, a usted y a su médico, a determinar qué deberían hacer para tratar o manejar una enfermedad. La medicina se ejerce mejor cuando médicos y pacientes toman las decisiones juntos, sobre la base de la mejor información disponible. Eso es lo que hace la efectividad comparativa: sopesa la evidencia para contribuir a orientar sus decisiones y les presenta esa información, a usted y a su médico, de un modo aplicable.
Si le han diagnosticado recientemente alguna enfermedad o afección, por favor, visite la página de las guías del consumidor del programa Effective Health Care, de la AHRQ, para ver si hemos publicado información que pueda serle de ayuda.
Soy la Dra. Carolyn Clancy, y ese es mi consejo sobre cómo desenvolverse en el sistema de cuidado de la salud.
Carolyn M. Clancy, médica internista general e investigadora, es una experta en comprometer a la gente con el cuidado de su propia salud. Es directora de la Agencia para la Investigación y la Calidad del Cuidado de la Salud de EE. UU.
Publicado originalmente en AARP Bulletin Today.
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